“Lo que ocurre es que, en una sociedad caracterizada por
psicologizar todas sus contradicciones y patologizar todos los conflictos,
coincidiendo también con el retorno de planteamientos radicalmente
biologicistas, alguno de ellos con claro tufillo eugenésico, no puede extrañar
que exista la tentación recurrente de resucitar la visión del delincuente como
enfermo y la violencia en general como patología, escamoteando su problemática
de la realidad social en que se produce e intentando de nuevo reorientarla
hacia la magia de los especialistas, lo que no contribuye mucho a su solución,
pero sí a la estigmatización del colectivo de enfermos reales.
Por eso pienso que psiquiatría y medios de comunicación,
pocas veces son conscientes de su responsabilidad a la hora de etiquetar tan
alegremente a una persona o de medir sus consecuencias. Porque, como ha escrito
Zola, es incuestionable el valor del
lenguaje como forma de discriminación, de modo que los vocablos que tienen la
función originaria de connotar solamente algunos aspectos del status de una persona, como el trabajo,
la clase social, la etnia, el sexo, el color de la piel o el estado de salud,
acaban siendo, precisamente, los vehículos a través de los cuales se construye
la identidad social y psicológica de los individuos. Y así en nuestra
sociedad actual, a partir de los calificativos que son atribuidos a ciertos
inmigrantes, a las mujeres, a los homosexuales, a los discapacitados, etc., se
promueven fácilmente actitudes y conductas de rechazo, marginación y, en una
palabra, de estigmatización.”
Julián Espinosa. Estigma, enfermedad mental y medios de
comunicación. Revista de la Asociación
Madrileña de Rehabilitación Psicosocial. Nº 12. Año 5. 2001



