viernes, agosto 14, 2009

Sueños de Duvalier despierto

"Ahora bien: los hombres no sólo sueñan durante la noche; ni mucho menos. También el día tiene bordes crepusculares, también en él se satisfacen deseos. A diferencia del sueño nocturno, el sueño diurno dibuja en el aire figuras libremente escogidas y repetibles, puede entusiasmarse y fabular, pero también meditar y proyectar. El sueño diurno puede sumirse durante horas libres en ideas, ideas políticas, artísticas, científicas. El sueño diurno puede aportar ocurrencias que no demandan una interpretación sino una elaboración, edifica también como un proyectista castillos en el aire, y no siempre castillos ficticios. (...) Para soñar despierto son circunstancias muy adecuadas el paseo solitario o la conversación entusiasta con un amigo de la juventud, o bien la llamada hora azul mientras empiezan a caer las sombras de la tarde. (...) El sueño que se sueña despierto tiene como primer rasgo el de no ser oprimente. (...) La casa de los sueños soñados despierto está también equipada con toda una serie de representaciones elegidas por uno mismo, mientras que el que se duerme no sabe nunca lo que le espera tras el dintel del subconsciente. (...) El yo del sueño soñado despierto puede hacerse tan amplio que represente a otros; los sueños diurnos mejoran el mundo.
Bloch, Ernest. El Principio esperanza [1] Editorial Trotta.


“El "gran escritor de los nuevos tiempos" será, el que comprenda y transforme "positivamente" el mundo para "retomar el hilo de la esperanza, de la construcción de un mundo vivible, no solo sostenible, para los seres humanos". Porque "pareciera que todo está hecho o que hemos llegado al final del recorrido", dijo Loyola, y afirmó que "la tendencia de muchos jóvenes escritores es criticar el mundo".”
Hernán Loyola, editor de las Obras Completas de Pablo Neruda (1999-2002). Diario El País.

No veo nada claro. Mis sentidos son gente que traiciona; los cinco o más sentidos no tienen perdón de dios. Qué verano, dios, de calor, virus, abismos, pasión, espiga y deseo. Soy el hombre viejo del pueblo, sentado delante de la casa encalada, tocado por un pañuelo húmedo sujeto con cuatro nudos. Miro y observo todo con los ojos del buho. El puño de mi bastón dibuja una curva de sarmiento y, acunándola, mis manos huesudas hacen la forma de un cazo invertido. A pocos centímetros, dos moscas orbitan mi cabeza; mis pupilas las siguen mientras están a la vista y aguardan quietas cuando se pierden detrás. Instantes después, el zumbido anuncia de nuevo su presencia, y mis ojos reinician el giro. Formas de marearme, sueños despierto. No veo nada claro, sin embargo. La luz del sol traza sobre mi cuerpo un triángulo anaranjado; mi sombra, sobre el pedregal, es violácea. Todo parece quietud, y sin embargo, nada está quieto. Una gota de sudor resbala sobre mi mejilla y su lento desliz deja en la piel un rastro rojizo. Por un momento siento la tentación de quedarme aquí, en este instante, eternamente. Quiero parar aquí; quiero a la historia detenida, el sol reinante suspendido para siempre en lo alto. Ahora oigo un ruido de motor que suena a lo lejos. Dejo las moscas y vuelvo mis ojos hacia la carretera. Se acerca un coche. El sol cae a plomo sobre el asfalto proyectando finos reflejos de luz estrellada. Fugaz, el coche entra en el pueblo, llega a mi altura, y en un instante inasible, comienza a alejarse. Mi mirada lo escolta hasta que se pierde de vista. El ruido ya es un vago rumor que poco a poco se desvanece. Un doloroso zumbido circular reaparece en mi oído.

En el bar, el último mozo que queda en el pueblo mete una moneda en la máquina y suena una música de Michael Jackson. La música se derrama en el silencio y acentúa los contrastes: retumba desde la iglesia hasta la pared desconchada del viejo frontón. De una de sus orejas, asgo el botijo de barro y me refresco. El agua desborda la boca y moja la cara, el cuello; la camisa blanca se empapa. Siento que la frescura me devuelve a la vigilia. Desde lo alto de mi brazo extendido agito el botijo: el chorro de agua serpentea, salpica, brilla, se ondula, hace como jacuzzi en mis músculos insolados.

jueves, febrero 12, 2009

Tiempo de Rehabilitación: Una historia sobre Luis.

Texto complementario al cómic "Una historia sobre Luis". Proyecto Chamberlin.
http://www.proyectochamberlin.org/
http://www.proyectochamberlin.org/blog/

"Dave Wottle, atleta norteamericano, terminaba su calentamiento y se preparaba para la final de los 800 metros de los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972. Se había hecho muy conocido en las series de calificación porque corría tocado con una enorme gorra blanca como las que usan los jugadores de golf. Instantes antes de que sonara el disparo de salida, Wottle situó su pierna izquierda justo en la línea blanca pintada en el tartán. Procuraba concentrarse, evitar que la tensión entumeciera sus músculos y controlar la respiración. Oía el estruendo y los gritos del público en un segundo plano. En ese momento, su pensamiento producía un curioso fenómeno: la meta, el objetivo, estaba de alguna forma presente en el momento de la salida, en el inicio de la carrera. El objetivo de la victoria, el logro de recorrer aquella distancia, estremecía el cuerpo del atleta y lo disponían a la acción. Así, la meta iba a estar presente en la mente de Wottle en cada uno de los ochocientos metros que le separaban de ella. Y así, sonó por fin el disparo de salida.
Y allí todo empezó a ir mal para el americano. Arzhanov, el ucraniano, que corría por la calle uno, pronto se puso en cabeza, seguido por los keniatas Boit y Ouko. El alemán Deiter Fromm, uno de los favoritos, pronto se situó en cuarto lugar. Wottle empezó a rezagarse desde la primera curva y pronto se descolgó del grupo. Algo no funcionaba bien en su cuerpo: sentía pinchazos en los músculos de sus piernas, que parecían atravesadas con alambres. El público rugía en su favor porque pensaban que aquélla era una de las habituales estrategias del corredor. Pero la distancia con el grupo seguía aumentando hasta los seis, siete, diez metros y la cara crispada de Wottle reflejaba todo su sufrimiento. Pero no se daba por vencido. En su mente estaba la meta como un pensamiento casi obsesivo, y aun ahora añadía otro objetivo: alcanzar al alemán oriental Kermer, que corría en séptimo lugar al final de la primera vuelta. Faltaban aun otros cuatrocientos metros y Wottle sintió que sus músculos, por fin, le permitían aumentar el ritmo de su zancada, ahora ligera e infinita. Y así, pronto alcanzó a Kermer, y al superarlo, aun sintió mayor fuerza en sus piernas, y más aún cuando superó al inglés Carter, que ya trotaba agobiado al principio de la última curva. Fue entonces cuando Arzhanov lanzó su ataque definitivo y se puso en cabeza. Wottle, aun muy alejado, observó el ataque y trató de responder. Y así, apretó los puños y comenzó a correr desaforadamente. Fromm sintió el vendaval que le superaba por la derecha y vió cómo Wottle esprintaba hasta ponerse a la altura de los dos keniatas. Arzhanov, a diez metros de la meta, ya parecía saborear la victoria y no vio llegar al americano, que en un último esfuerzo le sobrepasó justo en el último metro de la carrera. El público gritaba enfervorecido. Arzhanov cayó al suelo exhausto, todavía sin creerse lo que había sucedido. Dave Wottle levantó sus brazos en señal de victoria. Pese a todas las dificultades, había logrado su objetivo.
Esta hazaña deportiva de Wottle me recuerda la aventura personal que Luis ha tenido que vivir. La meta estaba presente en cada metro de la carrera del atleta americano, incluso en el momento de la salida. La meta de Luis era la que hoy se cumple, volver a sentirse útil, tener un trabajo. Pero para llegar hasta aquí Luis ha tenido que ir paso a paso, zancada a zancada, en su particular final olímpica. Los ingresos, el esfuerzo por salir de casa e ir a la psiquiatra, sus entrenamientos en los centros de rehabilitación, eran sus objetivos parciales, de los que salía siempre fortalecido. Como Wottle al superar a sus adversarios. ______________________________________________________________________________________
Pero esta meta final, el trabajo, ha sido para Luis sobre todo el fruto de su esperanza. Él confiaba en llegar hasta donde han llegado también su amiga Rosa y otras personas afectadas. Ese era su "particular" motor, el que le daba una fuerza añadida. ¿Qué hubiera pasado si Luis se hubiera entregado a la desesperanza? Pero la carrera de Luis es más importante aun que la de Wottle, porque el objetivo es la vida, vivir, con todo lo bueno que eso acarrea, con todas las dificultades que nos proporciona a todos.
La esperanza no la regalan por la calle ni se compra en las tiendas de una gran superficie. A la esperanza se llega con esfuerzo, mediante proyectos, objetivos, metas. Todos tenemos a menudo que alimentar nuestra esperanza. Nuestros compañeros, nuestros amigos, también suponen una esperanza: "¿Qué hacemos mañana?", "¿Quedamos el fin de semana?", "¿Quieres salir conmigo?", "Me gustas tanto que me gustaría estar siempre contigo....". Todas estas preguntas, si nos fijamos, se refieren al futuro. Las personas no somos estatuas, que suelen tener una presencia majestuosa, pero ni sienten ni padecen; están tan quietas porque son de bronce, mármol, barro.... pero también están quietas porque no tienen futuro. Tenemos manos, pies, cabeza, brazos; estamos hechos con músculos, huesos, piel... pero de la misma forma estamos hechos de eso tan sutil, excitante, estimulante que es el futuro. Todos tenemos la necesidad de las metas. Todos somos como Luis. Todos somos como Wottle.
Una última cosa: prueba a introducir el nombre del atleta y podrás ver la final de Munich en Internet. Es increíble. "
© José Colis, Virginia Galilea

domingo, agosto 31, 2008

El idiota interior

"Cuando John Malkovich subió al escenario del Kursaal 2 en la madrugada del domingo para presentar la película de Joel y Ethan Coen, Quemar después de leer, se quedó estupefacto. La ovación que recibió por parte de los 600 asistentes a la sesión, la sala abarrotada, fue atronadora. Malkovich no se lo esperaba. "Soy muy tímido y no me gusta salir en público", dijo a modo de disculpa ayer durante un encuentro con un grupo de periodistas. Nadie lo diría viendo la chaqueta que ha elegido para venir al Festival de San Sebastián. Se le ve desde lejos, grande y potente, con una americana de extravagantes dibujos verdes, naranjas y amarillos.
"Siempre me sorprende que la gente no me tire tomates o cosas así". Sabía que trabajar con los Coen iba a ser una experiencia muy agradable"
A sus 55 años y con una sólida carrera como actor de cine y teatro (cerca de 70 películas y obras), además de productor y director esporádico, Malkovich se sigue sorprendiendo con la reacción del público. "Siempre me sorprende que la gente no me tire tomates y cosas así. El público de San Sebastián es el más simpático que he conocido en mucho tiempo. No me han propinado patadas, ni nada. Han sido muy agradables". No es fácil saber la ironía o verdad que esconden sus palabras. Es una persona muy seria, aunque solícita y tranquila.
La llamativa americana no le habría valido para el papel de Osborne Cox, el discreto analista de la CIA que interpreta en Quemar después de leer, película que ha sido proyectada en la sección Zabaltegi del certamen donostiarra y que se estrenará en España el próximo 10 de octubre. Es la primera vez que Malkovich trabaja para los hermanos Coen, quienes escribieron los personajes de la historia, una disparatada comedia de espías e intriga, pensando en cada uno de los actores. Junto a Malkovich trabajan George Clooney, Brad Pitt, Tilda Swinton y Frances McDormand, entre otros. "Obviamente, yo siempre he sido un gran admirador de los hermanos Coen, siempre me han gustado sus trabajos, creo que son dos tipos muy inteligentes. Cuando me llegó el guión quedé encantado, porque no sólo me gustaba la historia, también la posibilidad de trabajar con el resto de mis colegas. Sabía de antemano que la experiencia iba a ser muy agradable".
La narración de Quemar después de leer comienza cuando Osborne Cox (Malkovich) acude a una reunión en el cuartel general de la CIA en Arlington (Virginia) y le anuncian el fulminante despido de la agencia de espionaje. Cox no encaja bien la noticia y regresa a su casa, en Washington, para entregarse a la redacción de sus memorias y a la bebida. Su mujer (Tilda Swinton) hace tiempo que mantiene una aventura con un agente federal (George Clooney). Cuando un disco con parte de esas memorias llega accidentalmente a manos de dos empleados de un gimnasio de barrio (Frances McDormand y Brad Pitt), todos los acontecimientos se precipitan en una serie de fortuitos y desternillantes encuentros.
A todos los intérpretes, incluido a Malkovich, los Coen les pidieron algo insólito: que encontraran al idiota que llevan dentro. "En mi caso no ha sido difícil. No me cuesta mucho esfuerzo encontrar al idiota que llevo dentro. Es mi sombra", dice el actor irónico, levemente risueño. Ya más serio, añade: "Todos los personajes del filme son idiotas, pero es que todo el mundo lleva un idiota dentro que va creciendo y prosperando".
Es el peligro de los sueños y la manera de enfrentarse a ellos lo que más le ha conmovido a Malkovich de la historia de los hermanos Coen. "Los personajes van en busca de sus sueños y son tan tontos que no saben a lo que se enfrentan con los secretos de Estado. Unos creen que vendiendo el material a otro país pueden pagarse la cirugía estética, como es el caso de McDormand, o el de Clooney, que cree que con la invención de una silla consoladora va a poder resolver su vida. También mi personaje, Osborne Cox, que se cree un Tom Clancy cualquiera [escritor de gran éxito en Estados Unidos], que va a ganar una fortuna, y no se da cuenta de que no tiene nada que contar y además no sabe escribir".

jueves, julio 31, 2008

Sueños de Duvalier dormido

Existo, si, aquí tumbado, aplanado, hombre de arena, montículo apenas animado, en la solana más hirviente y plácida; a mi alrededor se broncean otros bañistas. Con los ojos entreabiertos, el mundo se muestra turbio, desenfocado, cruzado por haces anaranjados que se funden con otros violáceos; y ambos, a su vez, atravesados por un resplandor blanco que se deshace en mis pupilas dejando una leve quemazón. Me conozco, voy a dormirme.

En este dulce tránsito de mi conciencia, solo veo luces soleadas que se asemejan bien a una aparición mariana bien a una cabecera de una película de la Metro Goldwyn Mayer. Mi siesta es una película de verano.

Ahora pienso en mi. En mi cerebro se encienden varias lucecitas que sólo brillan cuando pienso en mi. Sin embargo, mi cerebro no es capaz de concebir que en este preciso momento también intentan dormir la siesta millones de veraneantes. Puede saberlo, como una información, como una estadística, pero no concebirlo como una realidad personal que se repite en otros. Y sin embargo, somos muchos los que, en este mismo momento, despuntamos el último hilván que nos une a la conciencia: la realidad se fragmenta y se desordena pieza a pieza, irrumpe el desvarío, el sueño, que me alcanza y se apodera como un fluido derramado.

Ahora ya no pienso en mi; las lucecitas de mi cerebro titilan un instante y se apagan. Mi cuerpo, después de un fugaz estremecimiento, se aploma, se relaja, se ausenta.

Comienza el sueño.


Notas:
El Preludio a la Siesta de un Fauno es un poema sinfónico para orquesta, estrenado en la Sociedad Nacional de París el 22 de diciembre de 1894, dirigido por Gustave Doret. Se basa en una égloga de Stéphane Mallarmé. Una égloga es una composición poética del género bucólico, caracterizada generalmente por una visión idealizada del campo, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan acerca de sus afectos y de la vida campestre. Gracias a Debussy, el erotismo, la fantasía, muestran su magia desde la primera y cautivadora frase de la flauta. Un fauno sueña juegos amorosos y llenos de simbolismos a la sombra de un árbol en la ladera del Etna”. –de la web-
La Siesta De Un Fauno
de Stéphan Mallarmé
“El Fauno:
Estas ninfas quisiera perpetuar.Que palpite su granate ligero, y en el aire dormite en sopor apretado. ¿Quizás un sueño amaba?Mi duda, en oprimida noche remota, acaba en más de una sutil rama que bien sería los bosques mismos, al probar que me ofrecía como triunfo la falta ideal de las rosas. Reflexionemos… ¡Si las mujeres que glosas un deseo figuran de tus locos sentidos !Se escapa la ilusión de los ojos dormidos y azules, cual llorosa fuente, de la más casta; ¡mas, la otra, en suspiros, dices tú que contrasta como brisa del día cálido en tu toisón! ¡Que no! que por la inmóvil y lasa desazón-el sol con la frescura matinal en reyerta-no murmura agua que mi flauta no revierta al otero de acordes rociado; sólo el viento fuera de los dos tubos pronto a exhalar su aliento en árida llovizna derrame su conjuro; es, en la línea tersa del horizonte puro, el hálito visible y artificial, el vuelo con que la inspiración ha conquistado el cielo.
Sicilianas orillas de charca soporosa que al rencor de los soles mi vanidad acosa,tácita bajo flores de centellas, DECID:
“Que yo cortaba juncos vencidos en la lid“ por el Talento; al oro glauco de las lejanas“verduras consagrando su viña a las fontanas,“ondea una blancura animal en la siesta;“y que al preludio lento de que nace la fiesta,“vuelo de cisnes, ¡No! de náyades, se esquive ”“o se Sumerja…
Fosca, la hora inerte avive sin decir de qué modo sutil recogerá húmenes anhelados por el que busca el LA: me erguiré firme entonces al inicial fervor, recto, bajo oleadas antiguas de fulgor,¡Lis! uno de vosotros para la ingenuidad.
Sólo esta nada dócil, oh labios, propalad,beso que suavemente perfidias asegura.Mi pecho, virgen antes, muestra una mordedura misteriosa, legado de algún augusto diente;¡Y basta! arcano tal buscó por confidente junco gemelo y vasto que al sol da su tonada que, desviando de sí mejilla conturbada, sueña, en un solo lento, tramar en ocasiones la belleza en redor, quizá por confusiones falsas entre ella misma y nuestra nota pura; y de lograr, tan alto como el amor fulgura, desvanecer del sueño sólito de costado o dorso puro, por mi vista ciega espiado,una línea vana, monótona y sonora.
¡Quiére, pues, instrumento de fugas, turbadora siringa, florecer en el lago en que aguardas! Yo, en mi canto engreído, diré fábulas tardas de las diosas; y por idólatras pinturas, a su sombra hurtaré todavía cinturas: así cuando a las vides la claridad exprimo, por desechar la pena que me conturba, mimo risas, alzo el racimo ya exhausto, al sol, y siento cuando a las luminosas pieles filtro mi aliento, mirando a su trasluz un ávida embriaguez.
Oh ninfas, los RECUERDOS unamos otra vez.
“Mis ojos, tras los juncos, hendían cada cuello“inmortal, que en las ondas hundía su destello“y un airado clamor al cielo desataba; “y el espléndido baño de cabellos volaba“entre temblor y claridad, ¡oh pedrería!“corro; cuando a mis pies alternan (se diría“por ser dos, degustando, langorosas, el mal) “dormidas sólo en medio de un abrazo fatal: “las sorprendo, sin desenlazarlas, y listo“vuelo al macizo, de fútil sombra malquisto,“de rosas que desecan al sol todo perfume,“en que, como la tarde, nuestra lid se resume”.
¡Yo te adoro, coraje de vírgenes, oh gala feroz del sacro fardo desnudo que resbala por huir de mi labio fogoso, y como un rayo zozobra! De la carne misterioso desmayo; de los pies de la cruel al alma de la buena que abandona a la vez una inocencia, llenade loco llanto y menos atristados vapores.
“Mi crimen es haber, tras de humillar temores“traidores, desatado el intrincado nido“de besos que los dioses guardaban escondido;“pues, yendo apenas a ocultar ardiente risa“tras los pliegues felices de una sola (sumisa“guardando para que su candidez liviana“se tiñera a la fiel emoción de su hermana“la pequeñuela, ingenua, sin saber de rubor); “ya de mis brazos muertos por incierto temblor,“esta presa, por siempre ingrata, se redime“sin piedad del sollozo de que embriagado vime”.
¡Peor! me arrastrarán otras hacia la vida por la trenza a los cuernos de mi frente ceñida; tú sabes, mi pasión, que, púrpura y madura,toda granada brota y de abejas murmura; y nuestra sangre loca por quien asirla quiere, fluye por el enjambre del amor que no muere.Cuando el bosque de oro y cenizas se tiña,una fiesta se exalta en la muriente viña:¡Etna! En medio de ti, de Venus alegrado, en tu lava imprimiendo su coturno sagrado, si un sueño triste se oye, si su fulgor se calma,¡tengo la reina!
Oh cierto castigo…
Pero el alma de palabras vacante, y este cuerpo sombrío tarde sucumben al silencio del estío: sin más, fuerza es dormir, lejano del rencor, sobre la arena sitibunda, a mi sabor, ¡la boca abierta al astro de vinos eficaces!
¡Oh par, abur! La sombra miro en que te deshaces.“

viernes, julio 04, 2008

La Colmena

Un tipo que se parece a mí, sentado a mi lado; lía un medio puro. Confianzudo, se inclina y me dice al oído: “es que no puedo dejarlo, ¿sabe?”; la mujer, enfrente, escotada, con el cuello y las muñecas desbordadas de abalorios. Más allá, La Benita, que ha venido a esto porque no tenía otra cosa, por cuatro duros. Presidiendo, el huésped, que nos ha ofrecido una sala que luego ocupan los pacientes. Se me olvidaba: al otro lado de la Presidencia, el nuevo (siempre hay un nuevo, o más), que apunta, escribe, levanta acta, hace méritos. Y el nuevo, que no calla, dice:

-¡Hay que hacer una ponencia.!

El tipo parecido a mí, que parece muerto, pero no lo está, asiente sin ningún signo de emoción..

-¡Y una Publicación.! ¡Y un Congreso! –exclama, el nuevo, enardecido.

El Presidente aplaude, jalea. La Benita, mientras, hace punto de cruz, y dice, como desinteresada:

-A mi me sirve el punto para apaciguar los mismísimos nervios, y por tanto digo yo que el punto de cruz será muy bueno para los chavales.

El nuevo apunta en su cuaderno: “El punto de cruz es muy bueno para los chavales” (Benita Camprubí, 2008). Y La Benita, que lo ha visto escribir, orgullosa le corrige:

-Campruví se escribe con uves. –Y añade, ahora muy digna: Hay que hablar de los dineros con quien los guarda, para dos cosas: primera: para que nos financie unos cafés; segunda: para que él no se haga viajes con el dinero de todos, que tiene afición. Y hay que hablar con el señor Presidente de Esto, de Aquello, y de Lo Demás Allá. (de un E, de un A, y de un LDA): Don Eladio Melgosa, hombre preclaro.

El Presidente, sobreactuado, entristece de pronto, y aclara:

-Don Eladio ya no preside un LDA..

La mujer del escote, exclama:

-¡Qué fatalidad! ¿Y qué preside ahora D. Eladio?
-Un Mucho Más Allá en Ontinent. –contesta el Presidente.
-¿Y eso donde está? ¿A las afueras de Madrid?
-Si, en Badajoz.
-¿Y el saber de Don Eladio? ¿y su larga y acumulada experiencia de tres meses? ¿se perderá todo eso? ¿y sus usuarios? –vuelve la mujer del escote a preguntar.
-sus... ¿qué? –pregunta el Presidente, confundido.
-sus usuarios... digo. –repite, generosa, la mujer.
-ah, sí, los usuarios, ya me acuerdo....

El nuevo apunta en su cuaderno y subraya: Usuarios (?).

-¡Qué pérdida, Don Eladio! –desfallezco..... ¿alguien me trae una jarrita para el agua?

Nadie se mueve. Después de unos segundos.... el Presidente se levanta y vuelve con el agua. Al sentarse, dice molesto:

-Tiene huevos la cosa.... que me tenga yo que ocupar de todo...

sábado, mayo 31, 2008

Una historia sobre Luis




Una historia sobre Luis” cuenta la historia particular de un joven cualquiera. No toda su historia, sino una historia dentro de la gran historia de un hombre cualquiera. Luis es un joven enrarecido por la enfermedad, que lucha, se enfrenta, que a veces gana, que pierde otras veces. Luis estudió, ahora trabaja. No posee ninguna cualidad especial que lo distinga, salvo quizá su extrema tendencia a arrinconarse, su costumbre a vivir postergado, su soledad abrumadora. Jamás su cuerpo reunió la etérea ingravidez de Vaslav Nijinsky, ni sus ojos percibieron la gloria del color de las tardes de sol y girasoles, ni nunca engarzó palabras, como eslabones, para crear el verso más bonito del mundo.
Tampoco Luis es dado a las palabras, a hablar, más bien al contrario; no imagino su voz resbalosa y atropellada haciendo un programa de radio. Tampoco dijo nunca una frase para la posteridad que abriera, con su significado, mayor conocimiento del lado oculto de las cosas del mundo.
Nada hay distinto en Luis, salvo su casi inconsciente y olvidada aspiración a una vida que se pueda vivir.
Hacer ligera y fácil poesía de la realidad cruda, celebrar las ocurrencias, emitirlas, dotar de sublimes significados frases banales, no integra, sino que vuelve a distanciar, falsea, levanta madera a madera de nuevo el escenario donde Vaslav, ingrávido, detuvo su danza para siempre.
Parece que la enfermedad mental no interesa si no es allí, en el escenario, donde uno mismo puede observarla a salvo, a distancia, distinguido de ella, ovillado y protegido entre el público. Y allí, en el escenario, la enfermedad vuelve a erigirse en locura, esa odiosa, rica, pavorosa palabra, eje del prejuicio.
Y el anodino Luis, que no sube al escenario, parece no interesar a nadie.


Cómic Una historia sobre Luis. Proyecto Chamberlin. Próxima publicación.

miércoles, abril 30, 2008

No hay enfermedad

"Cuando la noticia de horrores como los cometidos por Josef Fritzl conmociona a la opinión pública, los profesionales de la salud mental nos vemos requeridos a responder qué tipo de mente enferma puede haberlos guiado. La respuesta es descorazonadora: no hay enfermedad a la que atribuir un comportamiento así.
Pensar que un comportamiento contrario a lo que consideramos humano es producto de una enfermedad nos evita el trance de aceptar la maldad en nuestra especie. Pero lo hace a un coste alto: el de negar la responsabilidad que tienen los individuos de sus actos y el de asociar, una vez más, por un motivo falso, la enfermedad mental grave con la violencia.
A veces, un trastorno psicótico puede llevar a cometer delitos: el individuo que cree que el enfermero que le ayuda es un miembro de la Gestapo que se propone arrancarle la información que él tiene para destruir el mundo, no debe ser considerado culpable de apuñalar al enfermero -cosa que nunca se propuso- sino de haber intentado defenderse a sí mismo y a la humanidad. Y sólo debe ser tratado para evitar que vea miembros de la Gestapo.
Pero no hay enfermedad mental que coarte la libertad de un Josef Fritzl, que ha demostrado una capacidad de manejo certerísima de la realidad y que, con seguridad, sabía lo reprobable de su conducta, que, por eso se preocupó de ocultar. No hay objeto de tratamiento psiquiátrico aquí. El mal que causó a sus hijos es irreparable. Que su caso no sirva para que, al explicarlo, causemos mal a inocentes. Porque empezamos a querer ver enfermos mentales donde sólo hay malvados y acabamos viendo malvados donde sólo hay enfermos mentales."

Alberto Fernández Liria es presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. El País.