viernes, marzo 17, 2006

El perro negro


"El hombre puede, en tanto que individuo, enfrentarse a la psicosis (Schneider)".

"No es infrecuente que el hombre, por contrarestarla y dominarla de alguna manera, ponga nombres aparentemente caprichosos a la enfermedad causa de sus padecimientos; quizá ello suponga una forma de hacerla accesible, de entenderla, de enfrentarla, de "hacerla de menos", de alguna manera "personificarla" para propiciar su desaparación o paliar sus efectos."/MD

El héroe británico de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, se ha convertido en símbolo contra la marginación de los enfermos mentales, después de que una organización benéfica presentara una estatua del histórico político con una camisa de fuerza.La estatua de Churchill (1874-1965), que padecía depresiones, fue descubierta el pasado viernes en Norwich (este de Inglaterra), con motivo de una campaña de la organización Rethink para promover una mayor compresión hacia las enfermedades mentales. A su familia, sin embargo, no le ha gustado que se utilice la figura del político para representar este noble ideal. Con la elección del estadista británico, que fue jefe de Gobierno en dos ocasiones (1940-1945 y 1951-1955), la organización pretende demostrar que, a pesar de las depresiones que sufría, fue capaz de llegar a ser primer ministro y conducir al Reino Unido a la victoria sobre la Alemania nazi en la II Guerra Mundial.«Le escogimos para demostrar que las enfermedades mentales no deberían ser una barrera para el liderazgo, la importancia histórica y la popularidad», explicó el director de Rethink, Cliff Prior.La organización subrayó que la estatua, de casi tres metros de altura, no pretendía ser ofensiva ni denigrar la imagen del histórico líder británico. Sin embargo, uno de los nietos del carismático político, el conservador Nicholas Soames, calificó la obra de «insultante» y «patética».«Es muy ofensiva para sir Winston y para sus millones de admiradores», declaró.Desde el inicio de su carrera política en 1900, Churchill sufría depresiones esporádicas, a las que se refería como «su perro negro». Algunos médicos le recomendaron que bajara su ingesta diaria de whisky, champaña y brandy, pero el político no hizo mucho caso de este consejo. En 1953, Winston Churchill tenía casi 80 años. En un intento desesperado por mantener su reputación como orador y hombre de Estado, llamó al doctor Charles Moran para que lo ayudara, y éste le recetó benzedrina, una forma de anfetamina. Provisto de una dosis de este estimulante, Churchill se dirigió al Congreso del Partido Conservador en 1954. Pero las drogas no lograron retrasar lo inevitable, y en abril de 1955 Churchill se retiró. Una vez fuera de la política, el 'perro negro' alzó su fea cabeza una vez más y le hizo ver su vida entera como un fracaso.