
“Una historia sobre Luis” cuenta la historia particular de un joven cualquiera. No toda su historia, sino una historia dentro de la gran historia de un hombre cualquiera. Luis es un joven enrarecido por la enfermedad, que lucha, se enfrenta, que a veces gana, que pierde otras veces. Luis estudió, ahora trabaja. No posee ninguna cualidad especial que lo distinga, salvo quizá su extrema tendencia a arrinconarse, su costumbre a vivir postergado, su soledad abrumadora. Jamás su cuerpo reunió la etérea ingravidez de Vaslav Nijinsky, ni sus ojos percibieron la gloria del color de las tardes de sol y girasoles, ni nunca engarzó palabras, como eslabones, para crear el verso más bonito del mundo.
Tampoco Luis es dado a las palabras, a hablar, más bien al contrario; no imagino su voz resbalosa y atropellada haciendo un programa de radio. Tampoco dijo nunca una frase para la posteridad que abriera, con su significado, mayor conocimiento del lado oculto de las cosas del mundo.
Nada hay distinto en Luis, salvo su casi inconsciente y olvidada aspiración a una vida que se pueda vivir.
Hacer ligera y fácil poesía de la realidad cruda, celebrar las ocurrencias, emitirlas, dotar de sublimes significados frases banales, no integra, sino que vuelve a distanciar, falsea, levanta madera a madera de nuevo el escenario donde Vaslav, ingrávido, detuvo su danza para siempre.
Parece que la enfermedad mental no interesa si no es allí, en el escenario, donde uno mismo puede observarla a salvo, a distancia, distinguido de ella, ovillado y protegido entre el público. Y allí, en el escenario, la enfermedad vuelve a erigirse en locura, esa odiosa, rica, pavorosa palabra, eje del prejuicio.
Y el anodino Luis, que no sube al escenario, parece no interesar a nadie.
Cómic Una historia sobre Luis. Proyecto Chamberlin. Próxima publicación.
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